



El oficialismo chacarero avanza con un proyecto para “ordenar” el personal del Concejo Deliberante. La iniciativa, impulsada por el presidente Darío Ramírez, apunta a regularizar la situación de empleados sin funciones asignadas.
En un contexto donde la plata no alcanza y muchos no llegan a fin de mes, la medida ya genera ruido. No son pocos los que comparan el rumbo del zentenismo con el ajuste que impulsa Javier Milei.
Ahora bien, surge otra pregunta: ¿era necesario llegar a una medida tan dura?
El Concejo podría haber optado por alternativas más razonables: convocar a esos trabajadores, asignarles tareas, ampliar la atención al público —incluso con turno tarde— y mejorar los servicios para los vecinos.
Pero en lugar de eso, se avanza con una reestructuración que *podría dejar gente sin trabajo.*
Y en el fondo aparece otra duda que empieza a circular en el ámbito político:
¿se trata de ordenar… o de empezar a limpiar?
Con un año electoral en el horizonte, algunos ya se preguntan si no es una forma de hacer lugar para “los propios” o de salir a ofrecer becas y puestos como moneda de cambio para seducir a los chacareros.



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