



En un contexto donde la recaudación empieza a crujir y cada decisión se vuelve más sensible, hay un nombre que dentro del gobierno de Raúl Jalil gana peso sin hacer demasiado ruido: Alberto Natella.
No es un “superministro” por estructura.
Es otra cosa.
Es el que aparece cuando hay que destrabar.
El que se sienta con gremios cuando la tensión sube.
El que habla con intendentes cuando el termómetro político marca alerta.
Y en ese rol, viene logrando algo que no es menor:
ordenar en un momento donde todo podría desordenarse.
Hay un dato político que no pasa desapercibido:
Natella es un hombre fuerte en el esquema del intendente de la capital Gustavo Saadi.
Y sin embargo, hoy es una pieza clave dentro del equipo de Jalil.
En otra época, eso hubiese sido ruido.
Hoy, en cambio, parece ser parte de la solución.
¿Por qué?
Porque más allá de los orígenes, lo que se está valorando es otra cosa:
gestión, territorio y capacidad de contener.
No todo está resuelto.
La situación económica es frágil y los conflictos pueden aparecer en cualquier momento.
Pero hay algo claro:
cuando el clima se pone espeso, Natella está.
No para hacer anuncios rimbombantes,
sino para hacer lo que en política muchas veces vale más:
evitar que el problema escale.



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